Pero la idea maestra en el plan que Ramos Mexía poco a
poco iba exponiendo en sus conversaciones con Willis, consistía
en la creación de una gran ciudad industrial en la Patagonia, que
debía ser el foco civilizador del Sur. Ésa fue la misión
fundamental que le encomendó.
Ramos Mexía proyectaba crear un nuevo Estado patagónico,
y pensaba ya en su capital. "Debemos tener una ciudad capital, le dijo,
que sea el asiento del gobierno provincial, con su universidad, cuartel
militar, distritos industrial y residencial, plazas públicas y,
en fin, todo aquello que sea necesario para su administración civil.
Usted ubicará el sitio y proyectará los planos".
Desde Bariloche, cuartel general de Willis, todo el equipo se
consagró al estudio del apasionante proyecto. Se reunieron elementos
de juicio, las características físicas de la zona, ss niveles,
los datos geo-económicos, el régimen de lluvias, las posibilidades
de energía hidroeléctrica.
Se trataba, ante todo, de encontrar el sitio indicado para emplazar
la capital industrial de la Patagonia. En una de sus numerosas recorridas
por la zona del lago Nahuel Huapi, muy próximo a él, Willis
descubrió que elevando las aguas del río Limay mediante un
dique de altura moderada, al nivel del hermoso lago, podría construírse
a los bordes del nuevo embalse la ciudad capital del nuevo Estado. Realizó
todos los estudios y cálculos precisos, que confirmaron sus primeras
apreciaciones. Esto tenía como base el hecho de que la energía
hidroeléctrica aprovechable podía abastecer por entero las
necesidades de la gran ciudad a fundarse. Todos los informes de los técnicos
fueron reunidos por Willis para la redacción final de su proyecto
de la Ciudad Industrial de Nahuel Huapi.
"Las razones que impulsaron al Ministro a ordenar la selección
del sitio para una ciudad fabril -escribe Willis en el primer tomo de su
Informe- fueron las de un estadista perspicaz. Previó que el de
materias primas, la abundancia de fuerza hidroeléctrica y el gran
mercado que ofrecen las provincias agrícolas de Argentina, tarde
o temprano habría de dar lugar a la implantación de industrias
manufactureras en la Cordillera, y propuso sabiamente que el desenvolvimiento
del porvenir se guiara por planos basados sobre investigaciones apropiadas."
Era muy claro el panorama de ese año de 1912. En el Informe
de la Comisión de Estudios Hidrológicos, titulado El Norte
de la Patagonia, redactado por Willis, se ofrecen las siguientes cifras:
Las importaciones argentina ascendían a 76 millones de libras esterlinas.
De ese total, 15 millones de libras se gastaron en importar tejidos; 2
millones de libras en madera y sus manufacturas; 2 millones de libras en
importar papel y sus manufacturas y 780.000 libras en artículos
de cuero. Pero la Argentina exportaba ese año lana por valor e 1.261.000
libras esterlinas. En tales cifras se encerraba la clave de la dependencia.
En su informe final, decía Willis: "Puede preverse que en fecha
ni muy lejana, la fuerza hidroeléctrica del Limay será utilizada
para la producción de tejidos de lana y de punto con los finos vellones
de los merinos de Río Negro y Neuquén; otros productos de
lana con las materias bastas del Chubut y Santa Cruz; artículos
de cuero con los materiales de los frigoríficos; muebles y otros
productos de madera, inclusive las sustancias químicas de las selvas
de haya que se adaptan mejor a la fabricación en el sitio mismo;
y de los nitratos atmosféricos para abonos".
Era lógico que estos grandiosos planes de industrialización
encontraron las resistencias naturales de los intereses afectados -sobre
todo extranjeros-, vinculados al comercio de exportación e importación
del puerto de Buenos Aires.
Es preciso indicar a este respecto que las lanas del Sur salían
directamente hacia Europa,. Los estancieros patagónicos, los exportadores
de lana y otras materia primas, se oponían a la industrialización
de esos productos en suelo argentino, porque alteraba el esquema tradicional
de exportar materia prima y recibir la misma materia elaborada en el extranjero.
Estos intereses económicos tenían el respaldo de una mentalidad
interna atrasada, mas fuerte a veces que los propios intereses que la crean
y la alimentan.
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