En setiembre de 1912 el Ministro Ramos Mexía era interpelado
en la cámara; se intentó abrumarlo bajo la imputación
de extravagancia y derroche de dineros públicos. Detrás de
esas imputaciones estaba en cuestión indudablemente, la Comisión
dirigida por Willis. Se le pidió la renuncia al cargo, pero
el Presidente Sáenz Peña sostuvo sin desfallecimiento a su
ministro. En medio de la tormenta política, Ramos Mexía expuso
a Willis sus grandiosos proyectos para transforman la Patagonia en un emporio
económico de primera magnitud. Según la opinión de
Willis, la región al sud de Junín de los Andes resistía
una comparación con Suiza. Su clima sus vastos y variados recursos
naturales, le permitirían, gracias a una política de desenvolvimiento
económico planificado, sostener una población de 3.000.000
de habitantes. Contaba sobre todo con fuerza hidráulica, tierras
aptas para la agricultura, bosques riquísimos para fundar una industria
maderera, campos de pastoreo. Era preciso construir vías de transporte
y sistemas de comunicaciones, crear energía hidráulica, atraer
población estable y de desarrolar industrias para la transformación
de materias primas de la región. "Previeron una época no
muy lejana, dice la Historia de la Comisión, escrita por
Willis, en que la República Argentina podría independizarse
de las manufacturas extranjeras de paños y artículos de cuero,
época en que sus ciudadanos cesarían de pagar fletes oceánicos
y utilidades sobre vestimenta y calzado, que podrían fabricarse
en el país". Ambos planearon el porvenir de una provincia industrial
que debía enriquecer y librar al país". Tales tareas y proyectos
eran lapidados por quienes expresaban políticamente al viejo esquema
agroimportador, bajo la acusación de que estaban "derrochando los
caudales públicos".
La Comisión, en virtud de las renovadas instrucciones
del Ministerio, estaba cambiando de objetivos: ahora se trataba de investigar
problemas de más amplio alcance económico. Don Emilio Frey,
asistente jefe del geólogo Willis, había sido ayudante del
Perito Moreno en 1902, cuando se fijaron los límites internacionales
con Chile durante le gobierno de Roca. Conocía la región
palmo a palmo y poseía un alto sentido del patriotismo, no declamatorio,
sino verdadero. Frey de la Comisión desempeño un importante
papel en los estudios de la Comisión Willis, que esta vez se consagraron
a examinar las posibilidades industriales del norte patagónico.
Hicieron centro de sus actividades en Bariloche. Durante muchas semanas
estudiaron diversas muestras de madera de los arboles de la región.
Willis tenía la convicción de que la madera de Coihué
podría ser apta para obtener pulpa destinada a la fabricación
del papel. Enviaron inmediatamente muestras de diversas especies al Laboratorio
de Productos Forestales de los Estados Unidos. De los peritajes practicados
resultó que la idea de Willis era técnicamente realizable.
Y lo patético de toda la cuestión residía en las incalculables
posibilidades de progreso de la Patagonia, ante el cuadro desolador que
presentaba ese territorio durante las incesantes recorridas realizadas
por el geólogo. Así, pudo conocer los restos de una colonia
galesa, algunos de cuyos miembros se habían trasladado hacia la
cordillera, para arraigarse allí definitivamente. había recibido
del gobierno una legua de tierra por alistarse para pelear contra los indios
y sus descendientes se radicaron justamente en la zona explorada por Willis.
Se carecía allí de todos los elementos fundamentales de la
vida civilizada: no había ni un hospital, ni una enfermera siquiera.
Sólo recorría la región un médico europeo.
Con toda ingenuidad, el médico informó que había escrito
al administrador de una gran estancia de propiedad inglesa, para solicitar
apoyo económico a fin de fundar un pequeño hospital en ese
desierto. El médico mostró lleno de esperanza a Willis la
carta de respuesta del administrador inglés. En la deliberada ambigüedad
de la carta, que tanto había ilusionado al médico, Willis
advirtió una evidente negativa. Ya veremos cuál era la actitud
general del capital británico hacia toda tentativa de industrializar
la Patagonia.
INvitado a cenar por el jefe de policía de la región
fronteriza con Chile, Willis conoció los mil hechos pintorescos
y dramáticos de un suelo argentino que vivía la edad salvaje.
Bandidaje, asesinatos, cuatrerismo, contrabando, de un lado. Del otro,
corrupción política, policías ladrones de ovejas,
aventureros europeos de vida misteriosa, cónsules equívocos,
náufragos de todos los paises encontraban en esa profunda soledad
un seguro refugio. También Willis conoció a muchachos argentinos
de tercera generación, que hablaban inglés con una acentuada
pronunciación irlandesa y que casi no conocía el español.
Tierras feraces sin ley, suelo casi sin bandera, habitantes sin nacionalidad,
argentinos sin idioma, el gigante patagónico se desplegaba ante
los ojos sagaces del geólogo en toda su intensa complejidad.
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