10. Ramos Mexía y sus proyectos transcordilleranos.

 El ministro de Sáenz Peña era infatigable. Todas las desazones no lograban mellar su ánimo, ni disipar los sueños de grandeza nacional que lo embargaban.
 Al escuchar los relatos coloridos del geólogo Willis, que evocaba su juventud en el lejano Oeste de los Estados Unidos, al saber que Spokane se había transformado en treinta años de simple campamento ferroviario en una ciudad de 75.000 habitantes, Ramos Mexía preveía para la Patagonia un destino semejante. Así, concibió la idea de estudiar el tendido de una línea ferroviaria que desde san Antonio, pasando a través de la Cordillera hasta el Pacífico, uniendo las economías chilena y argentina a través de los Andes. Se trataba, en el fondo, de restablecer una línea histórica de comercio interlatinoamericano, quebrada en el siglo XIX. De ahí que la política estatal de fomento ferroviario de Ramos Mexía estuvieses estrechamente unida a la búsqueda de agua en las zonas desérticas, al arraigo de la colonización y a la implementación de industrias en el Sur.
 Fue así como Willis al explorar los pasos cordilleranos, descubrió, con asombro, las bellezas y las posibilidades económicas de la zona de Nahuel Huapi. En ese lugar majestuoso, explorado por el perito Moreno, el gobierno nacional había entregado al ilustre sabio una gran extensión de tierras como recompensa por sus servicios. Y Moreno las había reintegrado a la Nación para que se formara con ellas un parque Nacional.
 "La Patagonia está solamente a medio siglo atrás de nuestro Oeste", escribía Willis, estupefacto ante las enormes riquezas naturales de la región. Al estudiar los pasos posibles para el ferrocarril en proyecto, Willis observó problemas similares a los suscitados por la construcción de algunos ferrocarriles norteamericanos. "Gargantas similares habían sido cruzadas por la Northern Pacific R.R.. y la dificultad de un puente costoso, en los primeros tiempos del desarrollo, se había vencido por medio de la construcción de puentes de armaduras de madera que tendrían una duración de veinticinco años o más. En este lapso la población y el tráfico habrían aumentado hasta el punto donde un puente descansando sobre una obra de mampostería fuera económicamente justificable".
 pero el proyecto de Ramos Mexía no consistía tan sólo en construir un Ferrocarril del Estado que llegase hasta Valdivia, en Chile, Consideraba que el ferrocarril era un valioso instrumento de un designio más amplio. Por esa razón encargó al Dr. Willis que investigara la capacidad regional para sostener industrias de interés nacional. Al mismo tiempo, como era impensable  proyectar industrias sin energía eléctrica, y la tradicional dependencia argentina del carbón importado imponía encontrar otros recursos energéticos, Willis fue comisionado para estudiar todos los recursos probables de la riqueza hidráulica para la erección de grandes usinas hidroeléctricas. En el pensamiento de Ramos Mexía la modernización de la Patagonia incluía, en resumen: ferrocarriles estatales de fomento; agua potable; diques y usinas hidroeléctricas; caminos viables para intercomunicar el sur chileno con el sur argentino; fundación de industrias patagónicas; siembra de trigo para disminuir la dependencia alimenticia del Sur con respecto de las provincias del norte; y grandes planes de colonización para arraigar población campesina en el desierto.
 las exploraciones de Willis lo condujeron a redescubrir el olvidado paso del Cajón Negro, para unir  Nahuel Huapi con Valdivia, De todas sus andanzas, pudo reunir un inmenso material de estudio. Al terminar las tareas que le fueron asignadas, el geólogo viajó a Estados Unidos para estudiar y reunir información adecuada acerca de las experiencias norteamericanas en irrigación, ferrocarriles y problemas generales de ingeniería. Lo esperaban a su regreso los adversarios del progreso económico argentino.
 
 
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