14.  Los intereses británicos se oponen a una Patagonia industrial.

 El geólogo advirtió que la oposición política al Ministro Ramos Mexía no cejaba. El Congreso nacional hasta había llegado a negar al Ministro Ramos Mexía los fondos imprescindibles para las necesidades de su ministerio. La crisis había llegado a su fase mas aguda. Escribiendo luego sus impresiones del momento, Willis decía: "La crisis aquí es extremadamente interesante. Es muy característico del régimen democrático. Ilustra tan claramente en conflicto entre lo que fue, lo que es y lo que debe ser; entre Ramos Mexía, representando  la clase gobernante inteligente; los políticos elegidos por las masas no inteligentes y el Imperio Invisible del capital que extiende su control sobre ambos".
 Resulta muy significativa la observación de Willis sobre el "Imperio INvisible" del capital. Y no se equivocaba, puesto que no tardaría él mismo en comprobarlo. Un día el Ministro Ramos Mexía llamó a su despacho a Willis y le declaró que la Comisión de Estudios Hidrológicos ya no era un simple instrumento de política ministerial, sino que había sido reconocida como un medio del desarrollo nacional. Distintos funcionarios de varios ministerios escucharon luego las exposiciones verbales que dio Willis acerca de la Ciudad Industrial de Nahuel Huapi. Se discutieron detalladamente toda suerte de problemas técnicos y financieros, entre ellos el emplazamiento exacto del dique en el Río Limay. Como resultado de estas consultas, se convino en la necesidad de que Willis viajara a Estados Unidos para atender la publicación de los volúmenes que reunirían los informes técnicos de la Comisión.
 Antes de emprender viaje, el geólogo norteamericano sostuvo una aleccionante conversación con el Administrador General del Ferrocarril del Sud. Este gerente británico le expresó: "-Sin duda, dijo cortésmente, las observaciones de la Comisión eran de gran valor, pero" -y su tono cambió- "no conviene a los planes del Ferrocarril del Sud que los ferrocarriles se construyan para competir con sus futuros intereses en la Patagonia".
 La fase final de la tarea de Willis coincidía, como s ve, con la oposición abierta de uno de los principales adversarios económicos del grandiosos proyecto. Ya en Estados Unidos, y con la autorización expresa del Ministro Ramos Mexía, Willis suscribió un contrato de edición con una importante casa editora de Nueva York, para la impresión en castellano de su informe titulado El Norte de la Patagonia.
 En octubre de 1913 Willis regresó a la Argentina para rendir cuentas del movimiento financiero de la Comisión, preparar un Informe final sobre sus actividades y ofrecer su colaboración para seguir los estudios sobre la Ciudad Industrial.
 Pero la situación política del Ministro Ramos Mexía se había vuelto tan insostenible, que se vio obligado a renunciar a su cargo. Reemplazado por el Doctor Carlos Meyer Pellegrini, este funcionario vio con simpatía la labor de Willis y le ratificó su confianza. De este modo, el contrato gubernamental con aquél fue renovado hasta junio de 1914 y los fondos calculados para editar el segundo tomo de su Informe destinados, por el Ministro, para afrontar los gastos de la Comisión.
 De regreso a Bariloche, Willis se consagró a estudiar el problema de una vía de comunicación entre los fértiles valles patagónicos y los puertos chilenos del Pacífico, pensamiento económico justamente opuesto a aquel otro tradicional que solamente se dirigía a vincular el Litoral exportador con el Puerto de Buenos Aires. Willis advirtió que esa ruta cordillerana tenía una notable similitud con la del Lago Lucerna de Suiza, cuyos ingenieros se abrieron paso a través de túneles construidos junto a los precipicios. Se trataba de pensar ya en la construcción de un medio de comunicación a lo largo de la costa del Lago Nahuel Huapi o encontrar en su defecto un paso, entrevisto por Frey en el lugar llamado El brazo de la tristeza.
 Simultáneamente, Willis recorría la zona del Río Limay y perfeccionaba sus observaciones para el diseño de la Ciudad Industrial concebida por Ramos Mexía. Los intereses políticos debían interrumpir sus trabajos una vez más.
 
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