Willis debía presentar un informe al Ministro. El doctor
Ramos Mexía estaba ansioso por comprobar los resultados de la primera
etapa de la Comisión, pues además de la guerra sorda de la
burocracia del ministerio contra Willis, las fuerzas reaccionarias del
Congreso Nacional adversas a su política de promoción económica
en el Sur, arreciaban sus ataques contra la misión Willis..
Por otra parte, de acuerdo los términos del contrato, al jefe de
la Comisión, se le había abierto un crédito por $100.000
pesos nacionales para los gastos del equipo técnico. De esa cantidad
ya se habían gastado $81.476,43. Willis, que llevaba una estricta
contabilidad y verificación de todas las facturas, encontraba resistencia
en la burocracia para reembolsar los gastos. Los pretextos eran fútiles,
algunos inauditos.
Al entrevistar al Ministro, Willis llevaba consigo no sólo
todos los planes y estudios realizados por la Comisión, sino también
la carpeta con los comprobantes de gastos realizados. El doctor Ramos Mexía,
acompañado por el Ministro de Marina, examinó ávidamente
los planos e informes. Visiblemente satisfecho, no obstante, se volvió
hacia el geólogo y le dijo:
"-Señor, usted tiene que rendir cuentas, yo también
tengo que hacerlo.
-Yo las he rendido, su excelencia, pero no me han sido reembolsadas.
-Y el doctor Willis mostró al ministro los comprobantes por $17.000,
fechados de dos meses atrás y no reembolsados por la administración
ministerial.
-El pago de éstos -agregó- ha sido retenido
hasta que se aprobara la factura de caballos.
-La factura de caballos? -preguntó asombrado el Ministro.
-Está detenida hasta que abone cinco centavos -dijo
el geólogo.
-¿Cómo?
-La factura de caballos me fue devuelta a Valcheta a causa
de cinco centavos. La volví a enviar a Buenos Aires con una estampilla
de correo de cinco centavos, pero todo me llegó otra vez con la
indicación de que la suma tenía que abonarse en dinero en
efectivo."
El Ministro advirtió de qué manera loas intereses
políticos ligados a las viejas formas económicas y a la torpeza
burocrática, encontraban su expresión en estas dificultades.
Willis agregó:
"-Las autoridades postales son muy estrictas. La ley prohibe
que se envíe dinero en las cartas. Yo escribí para preguntar
si el interventor aceptará mi cheque personal."
El ministro, no pudiendo contener una sonrisa, observó:
"-Será mejor que usted pague."
Presenciaba la escena una figura ilustre de Sur: el perito Francisco
P. MOreno, sostenedor infatigable de los planes de Ramos Mexía y
de los trabajos del geólogo Willis. El perito Moreno y el doctor
Walter Davis, antiguo Director de la Oficina Meteorológica, también
presente en la reunión comentaron con Willis el incidente. Davis,
cuya experiencia en la materia era vasta, le manifestó al geólogo
norteamericano que no se trataba de una oposición burocrática
a los proyectos del Ministro, una reacción normal e impersonal.
"-Es el medio ambiente: usted aprenderá a flotar en
él."
En realidad se trataba de un "medio ambiente" propio de la sociedad
del Centenario, incapaz de pensar en otro problema económico que
el de las buenas cosechas y las carnes de exportación. Tan sólo
un puñado de hombres percibía el futuro del país en
éste género de iniciativas. Pero si los hombres de 1910 han
aumentado su número, la burocracia, sostenida por aquellos mismos
intereses y bajo el peso de una mentalidad atrasada no ha cambiado mucho
en sus métodos.
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