8. La burocracia y el desarrollo económico.

 Willis debía presentar un informe al Ministro. El doctor Ramos Mexía estaba ansioso por comprobar los resultados de la primera etapa de la Comisión, pues además de la guerra sorda de la burocracia del ministerio contra Willis, las fuerzas reaccionarias del Congreso Nacional adversas a su política de promoción económica en el Sur,  arreciaban sus ataques contra la misión Willis.. Por otra parte, de acuerdo los términos del contrato, al jefe de la Comisión, se le había abierto un crédito por $100.000 pesos nacionales para los gastos del equipo técnico. De esa cantidad ya se habían  gastado $81.476,43. Willis, que llevaba una estricta contabilidad y verificación de todas las facturas, encontraba resistencia en la burocracia para reembolsar los gastos. Los pretextos eran fútiles, algunos inauditos.
 Al entrevistar al Ministro, Willis llevaba consigo no sólo todos los planes y estudios realizados por la Comisión, sino también la carpeta con los comprobantes de gastos realizados. El doctor Ramos Mexía, acompañado por el Ministro de Marina, examinó ávidamente los planos e informes. Visiblemente satisfecho, no obstante, se volvió hacia el geólogo y le dijo:
 "-Señor, usted tiene que rendir cuentas, yo también tengo que hacerlo.
-Yo las he rendido, su excelencia, pero no  me han sido reembolsadas. -Y el doctor Willis mostró al ministro los comprobantes por $17.000, fechados de dos meses atrás y no reembolsados por la administración ministerial.
 -El pago de éstos -agregó- ha sido retenido hasta que se aprobara la factura de caballos.
 -La factura de caballos? -preguntó asombrado el Ministro.
 -Está detenida hasta que abone cinco centavos -dijo el geólogo.
 -¿Cómo?
 -La factura de caballos me fue devuelta a Valcheta a causa de cinco centavos. La volví a enviar a Buenos Aires con una estampilla de correo de cinco centavos, pero todo me llegó otra vez con la indicación de que la suma tenía que abonarse en dinero en efectivo."
 El Ministro advirtió de qué manera loas intereses políticos ligados a las viejas formas económicas y a la torpeza burocrática, encontraban su expresión en estas dificultades.
 Willis agregó:
 "-Las autoridades postales son muy estrictas. La ley prohibe que se envíe dinero en las cartas. Yo escribí para preguntar si el interventor aceptará mi cheque personal."
 El ministro, no pudiendo contener una sonrisa, observó:
 "-Será mejor que usted pague."
 Presenciaba la escena una figura ilustre de Sur: el perito Francisco P. MOreno, sostenedor infatigable de los planes de Ramos Mexía y de los trabajos del geólogo Willis. El perito Moreno y el doctor Walter Davis, antiguo Director de la Oficina Meteorológica, también presente en la reunión comentaron con Willis el incidente. Davis, cuya experiencia en la materia era vasta, le manifestó al geólogo norteamericano que no se trataba de una oposición burocrática a los proyectos del Ministro, una reacción normal e impersonal.
 "-Es el medio ambiente: usted aprenderá a flotar en él."
 En realidad se trataba de un "medio ambiente" propio de la sociedad del Centenario, incapaz de pensar en otro problema económico que el de las buenas cosechas y las carnes de exportación. Tan sólo un puñado de hombres percibía el futuro del país en éste género de iniciativas. Pero si los hombres de 1910 han aumentado su número, la burocracia, sostenida por aquellos mismos intereses y bajo el peso de una mentalidad atrasada no ha cambiado mucho en sus métodos.
 
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