4. El malón en la historia argentina.

 Las disensiones internas por las que atravesó el país durante el período que transcurrió desde 1810 hasta 1880 postergaron la solución del problema del indio sureño; pero el desenvolvimiento económico que se manifestó después de 1852 volvía inexcusable establecer la virtualidad de una frontera política nacional, como condición de la primera expansión. Rosas, en su célebre campaña al desierto (1853), había logrado ciertos acuerdos diplomáticos con las tolderías, usando como uno de los medios persuasivos obsequios de todo orden a los diversos caciques. Por su propia naturaleza, esa política no hacía sino estabilizar precariamente la crisis, sin ponerle fin. Posteriormente, el General Mitre intentó concluir con medios militares la dualidad de poder en la pampa, pero fue derrotado por las caballerías bárbaras en Sierra Chica (1855). Este desastre lo movió a declarar que no habría solución al problema del Desierto en los próximos trescientos años, según afirma Germán García en su estudio preliminar al libro del Comandante Prado Conquista de la Pampa. (Ed. Hachette, 1960).
 En la residencia de Sarmiento muy poco o nada se hizo para resolver el viejo problema. Finalmente, el Ministro de Guerra del Presidente Avellaneda, doctor Adolfo Alsina, concibió la famosa linea de fortines que se elevarían detrás de un gigantesco zanjón, a manera de muralla o frontera militar para contener la invasión de los malones a lo mejores campos de la Provincia de Buenos Aires. El carácter puramente defensivo y transitorio de dicha estrategia saltaba a la vista, si deja a un lado que el territorio del lejano Sur era librado al dominio del pampa o del araucano. El general Julio Argentino Roca, cuya experiencia militar y conocimiento de la guerra del fronteras eran indiscutibles, en su condición de comandante de Río Cuarto, no apoyaba el proyecto. El fallecimiento inesperado de Alsina, lo mismo que la inutilidad del "zanjón", o "zanja de Alsina" permitieron la organización de la Campaña del Desierto. El nuevo ministro de Guerra, Roca, tuvo a su cargo la preparación y la ejecución. Con la ayuda de los nuevos recursos técnicos -el "remington" y la línea telegráfica-, de una paciente y cuidadosa preparación y del apoyo del gobierno nacional, Roca terminó para siempre con el problema. Incorporó así a la soberanía argentina un inmenso territorio de miles de kilómetros cuadrados,  sometió a miles de indios y abrió las puertas del Sur al crecimiento económico de un Estado que iría  poco después a construirse definitivamente con la federalización de Buenos Aires.
 Desde 1880 a 1910, año del Centenario de la Revolución de Mayo, la Patagonia conoció, sin embargo, un desarrollo limitado a la cría de ovinos, a la actividad modesta de unos pocos puertos del litoral atlántico y, sobre todo, gracias al esfuerzo estatal a lo ínfimos comienzos de la explotación petrolífera en Comodoro Rivadavia. Pro el conjunto de sus gigantescos recursos potenciales permaneció dormido. Las grandes estancias del Sur eran principalmente de propiedad inglesa, y salvo algunos escasos núcleos urbanos dedicados sobre todo a las actividades de comercialización -alimentos importados de las regiones norteñas a un alto costo del fletes- el resto de ese continente patrio quedó intocado como en los tiempos de Cafulcurá.
 
 
 
 
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