3. Los ingleses y la Patagonia.

 Ya en el siglo XVIII el interés británico por la Patagonia inquietaba a la Corte española. El misionero jesuita Thomas Falkner había escrito una obra descriptiva, etnográfica e histórica sobre la Patagonia. Esta obra se publicó en Londres en 1774. El padre jesuita había vivido cerca de cuarenta años en las remotas regiones del Sur, adoctrinando a los indios y recogiendo numerosas observaciones científicas. La Corona británica intentó utilizar esta obra para su beneficio, contemplando la posibilidad de afirmar su predominio en esa zona. El libro del padre Falkner, incurría en un grave error que se constituyó en una de las fuentes de los ulteriores conflictos jurisdiccionales con Chile. En efecto, como resultado de la imprecisión propia de la época en materia geográfica, Falkner afirmaba que el Río Negro y el río chileno Tolten eran una misma corriente de agua que, a través de los Andes, se extendía desde el Atlántico hasta el pacífico. Ante la amenaza inglesa sobre la Patagonia, la Corte española formuló instrucciones el 8 de junio de 1778 para el establecimiento de fuertes y poblaciones desde el Río de la Plata hasta el estrecho de Magallanes. Según la opinión de Estanislao S. Zeballos, "España se alarmó hondamente al conocer los estudios y exploraciones de Falkner, quién avanza el juicio de que ocupada la Patagonia por un enemigo de España, ésta viviría en continuo sobresalto por sus posesiones del Río de la Plata..."
 Es así como la Corona española emprendió una serie de exploraciones de índole geográfica, política y militar, a cuyo frente figuraron Don Francisco y Don Antonio de Viedma, los que fueron secundados por el piloto de la Real Armada, Don Basilio Villarino. Grandes sectores de lo que sería luego  el sur argentino fueron visitados, relevados y en algunos casos colonizados por las fuerzas españolas. Desaparecido en lo inmediato el peligro británico, ese vasto teatro geográfico quedó durante muchos años bajo la soberanía efectiva de la toldería indígena.
 No obstante, la política inglesa siguió interesada es esa región, tanto a lo largo de los siglos coloniales, como en el período e nuestra guerra civil y en la etapa de la organización nacional. Este fue el sentido del laudo de la Reina Victoria en ocasión de una de las cuestiones de límites con Chile. Al no aceptar todas las pretensiones chilenas, la Corona favoreció, en parte, la tesis argentina. Muchos ingleses obtuvieron concesiones de tierras en nuestro sur y establecieron estancias modelo para la cría de los mejores ovinos cuyas lanas demandaba la industria británica de ultramar.
 El Coronel Alvaro Barros señala otro hecho coincidente: "La posesión de las Malvinas importa para nosotros la pérdida de una isla, pero para Inglaterra no sólo importa su adquisición; desde esa isla ha establecido, y estrecha cada día, sus relaciones de comercio con los bárbaros de la Patagonia, a quienes trata con benignidad y justicia. Se ha granjeado así su confianza y constantemente mantiene un número de jóvenes ingleses entre los indios que aprenden su idioma y sus costumbres; y lleva a las malvinas un número igual igual de jóvenes indios  a quienes enseña el idioma inglés, varias industrias, música y canciones cuyo espíritu vaya preparando a los indios según las miras y conveniencias de Inglaterra..." Estas líneas se escribían en vísperas de la ofensiva final que el Ejército argentino, bajo el mando de Roca, llevaría en 1879 contra el dominio indígena en el Sur.
 
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