Pocos años antes, un hombre tan extraordinario como olvidado
en nuestros días -Ezequiel Ramos Mexía-, en su calidad de
Ministro de Agricultura del Presidente José Figueroa Alcorta, había
ordenado realizar cateos en un pequeño puerto del Sur, Ese puerto
modestísimo se llamaba Comodoro Rivadavia. El propósito del
Ministro era dotar de agua potable a la localidad dentro de un plan de
progreso para reactivar la Patagonia. A lo largo del año 1907 un
grupo de trabajadores de la división Minas, Geología e Hidrología
del Ministerio a cargo de Ramos Mexía, operó en la zona mencionada.
Sólo a fines de ese año, el empeñoso grupo tuvo
éxito, pero en lugar de agua encontró petróleo. La
gran aventura había comenzado.
Al día siguiente de ese descubrimiento, se dictó un decreto
que prohibió la denuncia por parte de particulares de reservas petrolíferas,
decreto éste que preservaba los derechos del Estado descubridor
sobre el subsuelo sur. Como en esos días Ramos Mexía abandonó
el Ministerio de Agricultura para hacerse cargo del de Obras Públicas,
su firma no figura al pie de aquel decreto. Incluso en este caso, puede
afirmarse que ha existido una cierta "injusticia natural". Ha ocurrido
con frecuencia en nuestra historia que muchos gobernadores inauguraron
obras iniciadas por otros, olvidando reconocer los méritos de quienes
en verdad las inspiraron y promovieron. Ramos Mexía no escapó
a esa regla singular.
En las tres décadas transcurridas desde la federalización
de Buenos Aires hasta el Centenario, había vegetado esos pueblos
o ciudades que el esfuerzo heroico de los soldados de Roca levantara en
el viejo Desierto: Carhué, Puán, Guaminí, Trenque
Lauquen, Choele Choel, General Roca, Neuquén. Pero el Ministro Ramos
Mexía -ministro de Roca, de Figueroa Alcorta y de Roque Sáenz
Peña- proyectaba quebrar ese largo sueño patagónico
con ambiciosos planes. Fue Ramos Mexía quién inspiró
la sanción de la ley 5.559 destinada a fomentar el desarrollo económico
de los territorios nacionales. Ramos Mexía, hijo y nieto de estancieros
bonaerenses, pertenecía sin embargo a una generación que
concebía al país totalmente diversificado en la esfera económica.
Percibía que el carácter unilateral de una economía
agrícola y ganadera radicada en la pampa húmeda no podía
servir de base material al ejercicio de su poder soberano en un mundo que
se transformaba. Su conocimiento del país lo llevó a considerar
la mitad inexplorada e inexplotada de la República -el territorio
patagónico- como el segundo platillo de la balanza en la economía
argentina.
La primera etapa consistía en buscar agua y tender líneas
ferroviarias estatales de fomento en el Sur. Veía el riel como factor
coadyuvante de la producción nacional para el mercado interno y
no como una mera arteria sirviente de la exportación de materias
primas. había que emprender la segunda Conquista del Desierto. Ramos
Mexía pensó también en los territorios inexplorados
del norte, pero su preocupación central era el lejano Sur.
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